Criado Indomable

Un intento de Blog de Sebastián D. Criado – 09 F9 11 02 9D 74 E3 5B D8 41 56 C5 63 56 88 C0

Laberinto sin señales

Posted by Sebastián Criado en Domingo, junio 24, 2007 20:03

CerebroTodas las noches camino por lugares los cuales no puedo recordar la noche siguiente. Trato de recordar esos caminos laberínticos que me llevarán al lugar donde estuve anteriormente, pero solo puedo recordar un par de curvas y algún que otro callejón sin salida. Me he convencido que mi deber es completar esos caminos y buscar verdades ocultas por milenios.

En todos estos años de andar he tratado recorrer estos lugares de diferentes modos. Alguna forma que al volver la noche siguiente me permita seguir avanzando.

En una oportunidad, al igual que en cuento de Hansel y Grettel, fui dejando marcas con una tiza en los muros negros que bordeaban el camino. Así recorrí gran cantidad de lugares que no había visitado y me sentí realmente tranquilo al ver que podría visitarlos nuevamente a la noche siguiente. Pero, al volver, me encontré con que las marcas ya no estaban y el camino no era el mismo. Todo había cambiado.

Otra vez use un ovillo de lana roja que fui dejando caer libremente al piso. Durante largas horas fui descubriendo otros hilos de lana en el suelo, algunos color verde, otros color amarillo y otros de un naranja intenso. Se me ocurrió que tal vez no estaba solo y que otros habían recorrido el mismo camino que yo dejando esas marcas. Pensé que cada una de esos hilos de lana representaba a alguna persona que trataba con mucho esfuerzo no perderse en el camino. Pero no. No era así. Nuevamente el laberinto lúgubre jugaba conmigo. Al final de uno de esos hilos me encontré en el lugar donde había comenzado a caminar y con un hilo color azul que se convertía en rojo al llegar a ese punto.

Pasaron muchos años, de a poco me fui acostumbrando a encontrar lugares nuevos y otro tipo de ideas. Me acostumbre al asombro, pero no en el sentido de que nada más me asombre, si no en la idea que existen muchas cosas que pueden asombrarme todavía.

La tentación por levantar vuelo y saltar los laberintos se me hizo en ocasiones insoportable. Una presión en el pecho me hacía desesperar por saber que había a la vuelta de la esquina, al mismo tiempo que el miedo a encontrarme con algo que no me gustara, me llevaba a recorrer de a poco las lineas empedradas de pisadas.

Una noche me vi de golpe comprendiendo todo. Los caminos se hicieron claros y comencé a ver que todo tenía sentido. Entendí de repente el comportamiento de cada átomo en el universo. Su mecánica, su existencia. Cada ley y cada trampa de un cosmos interminable de causas y efectos, de acciones y reacciones. Comencé a comprender la existencia misma de cada ser humano, entendiendo sus miedos, frustraciones, sus logros y emociones. Me vi iluminado, transparente, casi etéreo. Fue en ese preciso momento que me desperté y sabía que todo había terminado. Otra ves tendría que recorrer el laberinto, sin posibilidad de marcas, señales o atajos. Otra ves tendría que esforzarme por alcanzar una meta que no llegaba a comprender, pero que allí estaba.

En mi diario anote: “La sabiduría no esta a la vuelta de la esquina, no es suerte lo que hace falta, si no caminos para recorrer. El caminar estos caminos es lo nos va haciendo más sabios.”

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