Criado Indomable

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Cuento: Un segundo

Posted by Sebastián Criado en Miércoles, abril 8, 2015 16:36

por: Sebastián D. Criado

¿Es esto? ¿Ya estoy muerto? Siempre pensé que sería algo menos extraño y que tendría la paz de no sentir absolutamente nada luego del instante final. Nada. Eso buscaba. La tranquilidad de la no existencia, aunque si lo pensamos bien, tampoco podría decirse que sería tranquilidad. Sería nada y simplemente nada. No. No la buscaba, pero la esperaba.

Al traspasar esa frontera no tendría posibilidad alguna de describir como sería algo que no es. Raro.

Sin embargo las cosas han tomado un giro que no imaginé. Aquí estoy pudiendo apreciar y sentir lo que está pasando ¿sentir es la palabra?, no se me ocurre otra en estos momento que pueda describir mejor lo que está pasando. JA, me extraña incluso poder decir que estoy describiendo algo.

Muy raro.

Pero lo más raro de todo no es que pueda sentir o describir algo. Lo más extraño de todo es que pueda comprenderlo, saborearlo y entender completamente lo que está pasando conmigo en este instante y
lo que pasará en los instantes que seguirán. Esa, esa es la clave. Los INS-TAN-TES.

El momento de morir no es algo que pueda marcarse como un mojón y decir “aquí termina la vida y aquí comienza la muerte”. No, lo tendríamos que definir como un proceso. Este proceso comienza en un punto y se expande a lo largo del tiempo. Recorriendo sus caminos a través del espacio. Hermoso continuo inseparable.

Pero bueno, para poder traducir de alguna forma lo que ahora me es tan transparente pero sin embargo difícil de bajar a un lenguaje entendible por ¿los vivos?,sí sí, digamos por los vivos, pondremos un momento de partida. De ahí en adelante estás muerto y antes, vivo.

Tendría que pedir disculpas por la contradicción en que incurrí, pero no me queda otra forma de explicarlo.

Y aquí estoy justo ahora, recién pasando esa barrera. Todavía hay oxigeno en mi sistema y la gran mayoría de mis células no se han enterado lo que lo está pasando.

Mis ojos están muy abiertos mirando esa luz fluorescente hipnótica en esta sala blanca del hospital y mi cerebro todavía está procesándolas, aunque ya no es él quién controla lo que sigue.

Mi corazón ahora mismo está terminando de vaciar el contenido de sus ventrículos en lo que será su último sístole. Mis pulmones ya casi no tienen el aire de esa última exhalación que deja salir al mundo un poco de dióxido de carbono. Mis músculos se comienzan a poner más laxos y relajados. No hay dolor.

Aquí en este instante comienza lo que hay que llamar “la expansión”.
Es más, todo esto lo he estado pensando mucho antes de poder expresarlo ¿expresarlo?, bueno, pensarlo ¿pensarlo es la palabra que busco?. Digamos simplemente que el tiempo se expande a mucha velocidad, tanta que tiende a infinito y todo eso comienza aquí, lo que me permite ahora estar surcando una nueva frontera en la cual puedo simplemente ser en el tiempo que se expande sin final esperado, e ir, sí, de apoco, perdiendo contacto con lo que era mi vida, para así surcar mi muerte. ¿La eternidad? No. La eternidad no es esto.

Si puedo describir lo que está pasando en estos momentos tengo que decir que es un viaje por el tiempo.

Apenas se han movido los átomos de esta habitación y ya estoy sabiendo como terminará este relato, porqué el final del mismo ya lo he hecho.

Y no solo lo he hecho, lo he corregido y realizado una y otra vez. Así es como se ¿siente? esta expansión. Lo que tengo a mi alrededor son todas las posibilidades que pude haber tenido a lo largo de mi vida. Todas las elecciones que he tomado, las preguntas que originaron tener que tomar una decisión, las respuestas que encontré, los diálogos que entablé. Las acciones que tomé, incluso las que me trajeron aquí. Todo. Todo disponible y todo junto. Puedo acceder a esto sin retardo alguno y analizarlo.

Ah, termino de repasar esa decisión un millón de veces y sigo tomando la misma.

De a poco lo que pasa en esa blanca habitación se va desvaneciendo.
Veo nuevas alternativas de caminos a tomar, los recorro a todos. Una, dos , tres veces.
Interesante que se me haya cruzado esa y no otra gente en la vida.
Comprendo ahora cosas que antes no podía siquiera tener la esperanza de comprender.
Y ahora lo hago tan claramente que asusta y sorprende.

Y el tiempo se abre camino dejándome una estela para seguir. Descubro que puedo recorrer el camino como quiera, y pararme donde quiera para mirar atrás o adelante. Ya no puedo siquiera decir que esta es una única dimensión.
El tiempo ha cobrado una realidad muy distinta a lo que pensaba que sería.

Siguen maravillándome cosas que antes también lo hacían. Lindos recuerdos y muy lindo poder nuevamente acceder a ellos. También hay otros recuerdos. Nunca antes había podido verlos con tanta claridad.
Será que ahora tienen mucho más sentido que antes y por eso puedo hacerlo. Aprendí.

Veo tu pelo y tus ojos. Esos ojos tristes llenos de lágrimas que me miran mientras vamos en la ambulancia. No, no llores. Todo va a salir bien, te lo prometo, vamos a poder hacer el viaje que planeamos. Perdón por haber tenido que aplazarlo. Uf, esto está doliendo un poco.
No, no llores mi amor. ¿Estoy mojado? Si, pero no es agua. Está también en tu blusa blanca con volados. Sabés como me gusta esa blusa que insinúa tu figura sin mostrar nada. Esas manchas no van a salir.

El aire se me está yendo y no puedo llenar los pulmones. El dolor es más intenso. Tengo miedo, amor, un poco, pero no te preocupes. Todo va a salir bien. Vos sólo no sueltes mi mano. La necesito para saber que estás acá. Es que tengo que cerrar los ojos un momento ya que me está costando enfocar. Tu cadenita de oro ¿donde está?, ¿se la llevó?

Ya llegamos, pronto estaré en la sala con vos cuidándome. Por favor, no llores amor, todo va a salir bien.

Cuidate por favor, que tenés que cuidarme a mí.

Me llevan a una sala blanca.

Qué rapidez que tuvieron para cortar mi ropa y ponerme en esa fría camilla. Mucho más frío estuvo el filo de ese bisturí que usaron para abrirme y sacar el plomo en mi pecho.

Dolor, mucho dolor.
Mi corazón está a punto de explotar.
No puedo, no puedo respirar.

Perdoname, amor.

Abro mis ojos y veo esa fría e hipnótica luz fluorescente que está encima mio.

(Gracias @silvinamarq por nuevamente ayudarme con la edición)

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